Indignación en Islandia provoca la renuncia del primer ministro

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Las protestas en la capital islandesa surtieron efecto.Foto Ap
Ap, Dpa, Reuters, Afp y The Independent
 
Periódico La Jornada
Miércoles 6 de abril de 2016, p. 4
Reikiavik.
La revelación de millones de documentos sobre cuentas en el exterior cobró ayer su primera víctima de alto nivel en la figura del primer ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, quien dimitió después de que se conoció que usó una empresa para proteger grandes sumas de dinero mientras la economía de su país estaba en crisis.
La caída del líder islandés es la más resonante hasta ahora tras la publicación de los nombres de ricos y famosos supuestamente involucrados en esas maniobras con las que se buscaba evadir impuestos, en lo que se conoce como Los papeles de Panamá.
Los informes fueron revelados por 100 organizaciones de prensa de 78 países, a los que coordinó el Consorcio de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, que tuvieron acceso a 11.5 millones de documentos de la firma panameña de abogados Mossack Fonseca, y fueron filtrados hace un año por una fuente anónima al periódico alemán Suddeutsche Zeitung.
Gunnlaugsson, de 41 años, dejó su puesto como líder del gobierno de coalición, luego que el lunes miles de personas protestaron frente al edificio del Parlamento en Reikiavik para exigir su salida, y de que la oposición de izquierda solicitó formalmente un voto de censura en su contra.
De acuerdo con el ICIJ, Gunnlaugsson y Anna Sigurlaug Pálsdóttir, que después sería su esposa, tenían en 2007 participación en la empresa Wintrics, ubicada en las Islas Vírgentes Británicas, donde fueron a parar millones de dólares que la pareja del político heredó de su padre.
Cuando en 2009 se convirtió en diputado, Gunnlaugsson no mencionó la empresa, y a finales de ese mismo año le vendió a su mujer por tan sólo un dólar su participación de 50 por ciento en la compañía.
El saliente primer ministro, que es acusado de conflicto de intereses por no revelar su participación en la compañía, negó toda irregularidad y afirmó que él y su esposa pagaron todos sus impuestos y no hicieron nada ilegal. Afirmó que sus operaciones financieras no afectaron sus negociaciones con los acreedores de Islandia durante la aguda crisis financiera nacional.
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El primer ministro, Sigmundur David Gunnlaugsson, mediante un video, anunció ayer su dimisión al cargoFoto Ap
El escándalo toca una fibra muy sensible en Islandia, país marcado por los excesos de los bancos en la primera década de este siglo, que desembocaron en una crisis financiera tras el colapso de 2008, que provocó un aumento del desempleo. En ese entonces, protestas generalizadas contribuyeron a la caída del gobierno.
Los pedidos de renuncia del primer ministro tienen su base en que realizó las transacciones durante la crisis financiera mundial 2008-2009, periodo en el que tres de los mayores bancos del país quebraron.
Desde entonces los islandeses han capeado una recesión y han estado sujetos a controles estrictos, uno de los motivos por los cuales las operaciones extraterritoriales del primer ministro irritan a muchos.
Islandia fue un caso importante, porque fue el primero en la época moderna de un país que literalmente quebró. Fue, además, una de las primeras expresiones de la crisis que se extendió por toda Europa, aun cuando la isla es una de las naciones más igualitarias y desarrolladas de ese continente en términos sociales.
Horas antes de su renuncia, Gunnlaugsson intentó disolver el Parlamento y convocar a elecciones, pero el presidente Olafur Ragnar Grimsson dijo que consultaría con otros líderes partidarios antes de aceptar poner fin al gobierno de coalición entre el Partido Progresista, de Gunnlaugsson, y el Partido Independencia.
Más tarde, el Partido Progresista propuso al número dos de ese instituto político, y actual ministro de Pesca y Agricultura, Sigurdur Ingi Johansson, como nuevo jefe de gobierno.
Arni Pall Arnason, líder de la opositora Alianza Social Demócrata, declaró que la posición de Gunlaugsson es insostenible. Es evidente que no podemos tolerar un liderazgo asociado con bienes extraterritoriales...Islandia no puede ser el único país democrático de Europa occidental con un liderazgo político en esa posición, afirmó.

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