AMLO y el reto de una energía eléctrica pública, soberana, eficiente, y de bajo costo. Parte I.

Bartlett y AMLO

Continuar impulsando reformas en el sector de la energía eléctrica orientadas al mercado plantea desafíos políticos: Banco mundial.

La CFE está totalmente atada y comprometida, pero a la vez, perdiendo mercado ante los empresarios privados del sector.

En la medida en que el Presidente AMLO avanza en su programa, particularmente, económico dentro de la 4T-4R la polémica, los ataques y confrontaciones arrecian, hoy en tono al tema de la industria eléctrica, en poco tiempo, en torno al litio. 

No hay ninguna sorpresa en cuanto a que la posición del Jefe del Ejecutivo ha sido siempre una postura nacionalista y de rectoría del Estado en materia energética

Desde siempre también supimos que este sería un tema –entre otros- en donde su agenda chocaría de lleno con el sector inversionista privado nacional y extranjero. Solo siendo muy ingenuos o miopes se podría pensar que está empeñado en rescatar Pemex contra viento y marea, al que casi se acabaron las redes criminales de dentro y fuera, el crimen transnacional y el de cuello blanco que permitió la captura del Estado en esta materia, solo para después volverá entregarlo a la corrupción, el saqueo y el despilfarro. Absurdo. Piensa en un sector integrado y soberano.

Su proyecto es un sector energético fuerte, público que ejerza rectoría y autosuficiencia en la economía, la cual que acepta que sea mixta y abierta, pero con esa gran fortaleza soberana. Él es claramente un líder político inscrito en la tradición constitucional y energética del cardenismo. Entonces lo fundamental, no es atender los reclamos del capital privado, ellos perdieron la elección presidencial porque siempre militaron en las organizaciones y partidos anti-AMLO, metieron mucho dinero en la campaña 2018 y perdieron, hoy van por la revancha, pero el Presidente se adelanta a dejar este tema avanzado en la dirección que es su convicción programática debe tener. 

El sector empresario debe buscar negociar con el potencial de sus inversiones dentro de esquemas mixtos, como en China e India, no ganarle al gobierno, son minoría y sobra en el mundo quien quiera invertir allí.

Lo mismo hará con el tema del litio, esa gran riqueza energética recién descubierta en México, quien se ubica en segundo lugar después de Bolivia. Por ello ha aguantado los vendavales en torno a Manuel Bartlett, porque allí requiere alguien que sepa jugar en todas las canchas, las de la negociación, las de confrontación, las de la ofensiva, todas las modalidades del juego político, legal, contractual y con liderazgo, al frente de la energía eléctrica. Un “viejo zorro” que además se maneja dentro del mismo espectro ideológico y político que el Presidente en materia energética. Los “escandalitos mediáticos” están fuera de lugar. Ganó la presidencia el bloque de fuerzas que iba por el nacionalismo energético y la autosuficiencia.

Ahora bien: en su informe 2019 sobre energía eléctrica el Banco Mundial “Rethinking Power Sector Reform in the Developing World” (“Repensar las reformas del sector de la energía eléctrica en el mundo en desarrollo) evaluando lo sucedido en 30 años; los mecanismos reguladores “cuasi-independientes” (Comisiones y legislaciones, para regular precio, competencia y calidad) en el 70% de países "en desarrollo” que se implementaron fallaron porque en solo en la mitad (50%) se aplican las regulaciones efectivamente. 

La privatización del servicio avanzó en 40% del total de energía generada (promedio) desde 1990 a la fecha, a partir de un criterio de “adherir a tarifas de recuperación de costos” (por eso subieron las tarifas del servicio público, porque la estrategia fue recuperar lo más pronto posible la inversión hecha vía la relación costo-precio; y también el sector eléctrico se reestructuró, “sólo 1 de cada 5 empresas” públicas rompió su estructura monopólica “separando la generación de la transmisión y la transmisión de la distribución y creando múltiples servicios públicos de generación y distribución”. 

Fue la misma estrategia fracasada que en Pemex, “desagregar la estructura inicial” en diversas empresas, supuestamente a” abrir el mercado” y permitir que el capital privado fuera paso a tomando el control de cada empresa “pública desagregada”.

La “introducción de la competencia” en el sector significó que “1 de cada 5 países en desarrollo pudo introducir un mercado mayorista de energía eléctrica en los últimos 25 años, en el que los generadores son libres de vender electricidad directamente a una amplia gama de consumidores. La mayoría de estos mercados de energía eléctrica se encuentra en los países de América Latina y Europa oriental. Estos países han cosechado los beneficios de una asignación más eficiente de los recursos de generación, pero por lo general debieron introducir más incentivos para garantizar una inversión adecuada en nueva capacidad”.

Continuar impulsando reformas en el sector de la energía eléctrica orientadas al mercado plantea desafíos políticos (dice Banco Mundial), porque una vez delimitados los campos en los contenidos fundamentales de la industria eléctrica que cada uno quiere, ello se resuelve mediante la correlación de fuerzas, la lucha políticas, en las finanzas, en el Congreso, en las calles, en la opinión pública, en los medios. En un país pequeño como la República Dominica toda la turbulencia política levantada en torno al tema, luego que se había avanzado en la privatización del servicio, terminó con la re-nacionalización de la industria.

El punto de quiebre en la industria eléctrica se produjo durante el gobierno de Vicente Fox: en agosto de 2002 el ejecutivo federal presentó una propuesta al poder legislativo incorporar la noción de “usuario calificado”, identificado como un gran consumidor de electricidad que podía voluntariamente decidir no comprara del servicio de energía público ofrecido por el Estado Este “usuario” podría dirigir su demanda de electricidad a una empresa privada cuando lo juzgue conveniente. Esto modificó la situación de la CFE y las condiciones del mercado por el lado de la oferta, porque los productores privados podrían generar, transmitir, distribuir y vender electricidad a dichos usuarios calificados.

La idea básica subyacente fue crear un “mercado paralelo” (centrado en los grandes consumidores empresariales) para que fueran atendidos por empresas privadas productoras de energía y que ello fomentara flujos de inversión desde fuentes privadas y aliviara así la carga en las finanzas públicas dado el peso de los subsidios a las tarifas públicas de electricidad. El negocio más grande para los privados. Es evidente que la carga de los subsidios se pudo evitar suspendiendo los mismos para las grandes empresas. Era absurdo que el gobierno les subsidiara su costo de energía eléctrica, y podía hacerlo sin crear el mercado paralelo.

La brutal caída de ingresos en la CFE

Esto distorsionó todo el modelo existente: la CFE compra la generación de electricidad que ella misma permitió que produjeran para revenderla a ciertos consumidores, hoy controlan los privados el 45.8% de la energía eléctrica, CFE el 54.2%, además que le han quitado los grandes clientes corporativos a la CFE, que en el año 2000, eran 10,500 grandes consumidores (antes de la reforma de Fox), y para 2018 eran solo 1,400 los clientes grandes de la CFE, lo cual generó una brutal caída de ingresos en la CFE, y una gran ausencia de recursos para invertir. Son establecimientos comerciales en toda la línea que se hacen llamar “sociedades de autoabastecimiento”. Muchos de los compradores son socios de los productores. Ganan por los dos lados, como productores y consumidores, por eso ya no le compran a CFE. Negocio redondo.

“Ibedrola”

La firma española, quien entra al mercado en el gobierno de Felipe Calderón, quien permitió que con los permisos E/205/AUT/2002, E/1055/AUT/2013 y E/1523/AUT/2015 lograra aglutinar hasta 586 socios, con las empresas más grandes en México, cementeras, cerveceras, mineras, automotrices, procesó con ellas un tipo de concentración económica corporativa formando consorcios poderosos que disfrazaron esto porque unos aparecen como productores y otros como consumidores, y se dicen “sociedades de autoconsumo”. Han avanzado mucho en México, más que el promedio internacionalmente, como vimos antes. Hoy Ibedrola tiene más de 30 plantas centrales de las más grandes de energía eléctrica operadas por ella en todo el territorio nacional. Es una de las principales dominantes en el mercado, de entre 255 “auto-abastecedoras”. (Ver Plan Sectorial de Energía, 2020-2024)

Por otro lado están también los “productores independientes” surgidos en 1995 que operan proyectos de infraestructura energética de largo plazo en la construcción de centrales eléctricas, con el objeto de vender toda su producción de 33 centrales a la CFE hasta 2039, con un costo total pactado de $2.761 billones de pesos. En este sector, también opera Ibedrola ocho centrales “como productor independiente”.

Puede apreciarse en lo básico, cómo la CFE está totalmente atada y comprometida, pero a la vez, perdiendo mercado ante los empresarios privados del sector, y comprometiendo para los próximos 19 años ingentes recursos económicos con ellos. Ha perdido mucha capacidad de generación propia de energía eléctrica y hace grandes esfuerzos porque no se disparen los costos y ello impacta severamente las tarifas al consumidor residencial. Se estiman que si no se modifican los contratos vigentes CFE podría perder en los próximos 19 años hasta $160,000 millones de pesos. Son estos algunos rasgos de la situación actual.

En próxima entrega abordaremos otras cuestiones que ayuden a entender.

 

Fuente 

Comentarios