Sin eurobono... Se desintegra el sueño europeo
El Radar, R. J. Lapetra
11/06/2011 06:00h
Es la solución a la crisis de deuda soberana en Europa. Pero no hay voluntad para llevarla adelante. La creación de un Tesoro Único y el lanzamiento de un eurobono con el respaldo de todos los países, con Alemania y Francia a la cabeza, es la manera menos traumática de solventar la situación de Grecia, Portugal e Irlanda, e incluso España o Italia, que son los siguientes en la lista de los PIIGS. Reestructurar y aplicar quitas descuento en la valoración de la deuda- traumará a los países que lo apliquen en muchos sentidos: no podrán captar capital por mucho tiempo y en su recuerdo permanecerá la reacción de sus vecinos, hermanos y compañeros de viaje en la UE.
Además de un moneda común, Europa necesita desde hace tiempo la convergencia fiscal y la creación de Tesoro Único que cobije a los países mordidos por la desconfianza en su capacidad de repago. Unir fuerzas y diversificar el riesgo bajo la fortaleza de un bono europeo parece la única solución con final feliz. Defendida por representantes de la Comisión, del presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, e incluso, veladamente, por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, la creación de un Ministerio de Economía y Hacienda (unión fiscal) en Europa no sólo es la opción más razonable, sino que también es algo que estaba previsto en el futuro europeo.
"Estamos viendo en los mercados comportamientos propios de una manada de lobos y si no los detenemos destruirán a los países más débiles". Así definió en mayo de 2010 el ministro sueco, Anders Borg, a los inversores que comenzaron a apostar por los rescates de países en Europa. Actuando como una cuña sobre las grietas del euro, estos grandes inversores iban a por las ovejas más débiles del rebaño. Razón puede que la tuvieran, pero lo malo es que el pastor alemán no sólo no ha salido a defender a ninguno, sino que además ha puesto la sal y la pimienta para que caiga algún país más en los próximos meses.
Dicen que la crisis actual tiene muchas similitudes con la de los años 70 (crisis del petróleo) o los 30 (Gran Depresión), pero la fase en la que estamos desde el pasado año se parece cada vez más a la que ocurrió a principios de los 90. Entonces, fruto de las conversaciones a mesa y mantel entre las manos fuertes del mercado como ahora, un grupo de inversores liderados por George Soros se forraron a costa de patear a Reino Unido e Italia al expulsar la libra y la lira fuera del Sistema Monetario Europeo (SME). También España tuvo que devaluar varias veces la peseta. Ahora está a punto de suceder algo parecido. Y también con la misma tesis de inversión: Europa reaccionará previsiblemente.
Alguien tendrá que salir de la zona euro porque comienza a ser difícil la convivencia con Alemania. Es insostenible, por ejemplo, que España tenga un diferencial de riesgo de más de 250 puntos básicos frente a los alemanes o 180 puntos los alemanes. La ventaja competitiva que están consiguiendo los alemanes -tanto entes públicos como empresas privadas- al tener menores costes de emisión que sus socios europeos justifica unos y otros vayan por su lado.
Rápidamente se está llevando por delante la convergencia económica que ha costado años alcanzar. Angela Merkel, principal detractora del eurobono, ha dicho que de la crisis se sale con "solidaridad" y "competitividad" al expresar su rechazo al eurobono. ¿Qué hay más solidario y competitivo para la UE que cerrar filas para desahogar a los países que no pueden salir al mercado?
La presencia de una divisa única como el euro ha cegado la visión de algunos gobiernos europeos, que se han creído un bloque infranqueable ante el mundo y los mercados financieros. Al final la crisis ha roto el camino. Lo que debería haber sido la próxima parada en el viaje de los europeos, la Constitución y la consiguiente fiscalidad común no ha llegado. Pero sí la complacencia ante la crisis después de años de bonanza, los orgullos nacionales y los recelos entre los socios, que han hecho descarrilar al tren de la integración europea. La fusión de países que se lleva fraguando desde hace más de 50 años puede estar a punto de desintegrarse a partir de lo que suceda en los próximos meses con los periféricos y España.
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11/06/2011 06:00h
Es la solución a la crisis de deuda soberana en Europa. Pero no hay voluntad para llevarla adelante. La creación de un Tesoro Único y el lanzamiento de un eurobono con el respaldo de todos los países, con Alemania y Francia a la cabeza, es la manera menos traumática de solventar la situación de Grecia, Portugal e Irlanda, e incluso España o Italia, que son los siguientes en la lista de los PIIGS. Reestructurar y aplicar quitas descuento en la valoración de la deuda- traumará a los países que lo apliquen en muchos sentidos: no podrán captar capital por mucho tiempo y en su recuerdo permanecerá la reacción de sus vecinos, hermanos y compañeros de viaje en la UE.
Además de un moneda común, Europa necesita desde hace tiempo la convergencia fiscal y la creación de Tesoro Único que cobije a los países mordidos por la desconfianza en su capacidad de repago. Unir fuerzas y diversificar el riesgo bajo la fortaleza de un bono europeo parece la única solución con final feliz. Defendida por representantes de la Comisión, del presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, e incluso, veladamente, por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, la creación de un Ministerio de Economía y Hacienda (unión fiscal) en Europa no sólo es la opción más razonable, sino que también es algo que estaba previsto en el futuro europeo.
"Estamos viendo en los mercados comportamientos propios de una manada de lobos y si no los detenemos destruirán a los países más débiles". Así definió en mayo de 2010 el ministro sueco, Anders Borg, a los inversores que comenzaron a apostar por los rescates de países en Europa. Actuando como una cuña sobre las grietas del euro, estos grandes inversores iban a por las ovejas más débiles del rebaño. Razón puede que la tuvieran, pero lo malo es que el pastor alemán no sólo no ha salido a defender a ninguno, sino que además ha puesto la sal y la pimienta para que caiga algún país más en los próximos meses.
Dicen que la crisis actual tiene muchas similitudes con la de los años 70 (crisis del petróleo) o los 30 (Gran Depresión), pero la fase en la que estamos desde el pasado año se parece cada vez más a la que ocurrió a principios de los 90. Entonces, fruto de las conversaciones a mesa y mantel entre las manos fuertes del mercado como ahora, un grupo de inversores liderados por George Soros se forraron a costa de patear a Reino Unido e Italia al expulsar la libra y la lira fuera del Sistema Monetario Europeo (SME). También España tuvo que devaluar varias veces la peseta. Ahora está a punto de suceder algo parecido. Y también con la misma tesis de inversión: Europa reaccionará previsiblemente.
Alguien tendrá que salir de la zona euro porque comienza a ser difícil la convivencia con Alemania. Es insostenible, por ejemplo, que España tenga un diferencial de riesgo de más de 250 puntos básicos frente a los alemanes o 180 puntos los alemanes. La ventaja competitiva que están consiguiendo los alemanes -tanto entes públicos como empresas privadas- al tener menores costes de emisión que sus socios europeos justifica unos y otros vayan por su lado.
Rápidamente se está llevando por delante la convergencia económica que ha costado años alcanzar. Angela Merkel, principal detractora del eurobono, ha dicho que de la crisis se sale con "solidaridad" y "competitividad" al expresar su rechazo al eurobono. ¿Qué hay más solidario y competitivo para la UE que cerrar filas para desahogar a los países que no pueden salir al mercado?
La presencia de una divisa única como el euro ha cegado la visión de algunos gobiernos europeos, que se han creído un bloque infranqueable ante el mundo y los mercados financieros. Al final la crisis ha roto el camino. Lo que debería haber sido la próxima parada en el viaje de los europeos, la Constitución y la consiguiente fiscalidad común no ha llegado. Pero sí la complacencia ante la crisis después de años de bonanza, los orgullos nacionales y los recelos entre los socios, que han hecho descarrilar al tren de la integración europea. La fusión de países que se lleva fraguando desde hace más de 50 años puede estar a punto de desintegrarse a partir de lo que suceda en los próximos meses con los periféricos y España.
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