La inmaculada percepción

Vianey Esquinca
Cuando la tragedia nos alcance

El mundo se ha horrorizado y solidarizado con Haití después del terremoto de 7.3 grados Richter que sacudió a ese país y que ha dejado un saldo de por lo menos 50 mil personas muertas y una nación devastada, primero por la naturaleza y luego por la rapiña, las peleas, el desabasto y todos los fenómenos humanos que se presentan después de una catástrofe y que envilecen a la humanidad.

Los noticieros y los periódicos están llenos de imágenes y crónicas dolorosas que demuestran que entre más pobre el país, más devastadora la desgracia y que nunca se está lo suficientemente preparado para este tipo de fenómenos. Sin irnos más lejos, el viernes el centro del México fue sorprendido por vientos intensos de 75 kilómetros por hora, que provocaron el derribo de alrededor de 90 árboles. Hasta ahí, fue una mala pasada de la madre naturaleza.

Pero no sólo se cayeron árboles, sino también 16 espectaculares, se fue la luz en decenas de colonias dejando sin electricidad a más de 500 mil personas y el caos vial que se generó por lo menos en la Ciudad de México fue apocalíptico. De esto por supuesto ya no se puede culpar a la naturaleza sino a la negligencia. ¿Quien autoriza los permisos de los espectaculares? ¿Quién supervisa que se cumplan las mínimas condiciones de seguridad en su colocación?

Asimismo, los habitantes del Distrito Federal descubrieron que los policías de la Ciudad ¡son eléctricos! Por eso cuando se fue la luz no sólo se apagaron los semáforos de las avenidas principales, sino también se fundieron los elementos del orden. Sólo así se explica que mientras en varios cruceros no había nadie dirigiendo el tráfico, en otros había hasta tres policías –—seguramente de los que trabajan con pilas— haciendo exactamente lo mismo: moviendo la mano de un lado a otro al tiempo que gritaban: “aváncele, aváncele”.

Tampoco puede culparse a la naturaleza de las condiciones del servicio eléctrico. La gente llegó a tal desesperación que a todos los programas de radio llegaron mensajes pidiendo que regresara la extinta Luz y Fuerza del Centro con todo y su sindicato, cayendo en el síndrome del “pégame pero no me dejes”. La Comisión Federal de Electricidad logró lo que parecía imposible: que la población extrañara a la que fuera una de las instituciones menos eficientes y más obsoletas de que se tenga memoria.

Entonces, si no somos capaces de soportar vientos que provocan condiciones adversas, ¿qué hubiera pasado si el terremoto de Haití hubiera pasado en México, aun cuando ya se vivió una experiencia similar en 1985? En el país las autoridades andan desorientadas y confunden una crisis económica mayúscula con un catarrito y al verdadero catarrito la confunden con una gripa cualquiera.

Si la forma en que cada político y cada gobierno asumió la crisis de influenza A H1N1, así como su forma de reaccionar ante el escenario nacional, fueran muestras de cómo asumirían un sismo de proporciones mayores, el país está en serios problemas. El gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, muy probablemente estaría organizando un contingente sin quitarse la corbata, perfectamente bañado y encopetado, con los zapatos rechinando de limpios y sin una gota de sudor. El secretario de Salud, José Ángel Córdova, estaría intentando cuadrar las cifras de damnificados con un ábaco.

Gerardo Fernández Noroña andaría diciendo que el siniestro es culpa de la mafia que está en el poder, mientras que el PAN estaría organizando una encuesta para demostrar que el sismo fue causado por la aprobación de la Ley que le permite a los homosexuales adoptar niños y por eso Dios mando un castigo divino. Los priistas seguramente comenzarían a levantar un inventario para certificar ante notario lo que les queda de país de cara 2012 y los perredistas resucitarían el Barzón y la Asamblea de Barrios para poder captar adeptos de entre la desgracia.

Las tragedias humanas sacan lo mejor y lo peor de una sociedad. Siempre habrá quien trate de sacar provecho, afortunadamente también hay mucha gente solidaria y es a ella a quién este espacio Inmaculado les hace un llamado para que siga apoyando con dinero o productos a los haitianos.

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