De cómo Abarca acumuló poder hasta el aberrante abuso de autoridad que lo derribó

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Rondín de policías federales, la madrugada de ayer en el centro de la ciudad de IgualaFoto Reuters
Arturo Cano
Enviado
Periódico La Jornada
Domingo 12 de octubre de 2014, p. 5
Iguala, Gro., 11 de octubre.
A su lado estaba ella, como en una burbuja. Nadie se le acercaba pese a que todos estaban apretujados en el salón. Rubia teñida, blanca, con un vestido azul chillón y mirada amenazante. El rostro de María de los Ángeles Pineda Villa petrificado mientras escuchaba a su esposo, José Luis Abarca Velázquez, solicitar licencia como presidente municipal. Hablaba entre líneas el alcalde, ese martes 30 de septiembre: No se perciben los hechos como acontecimientos aislados. Y, como si fuese un ciudadano sin poder alguno, demandaba castigo para los responsables del aberrante abuso de autoridad. Seis muertos, 20 heridos y 43 desaparecidos por el aberrante abuso de una autoridad bajo su mando.
Hasta luego, dijo, al enterrar su breve carrera en el servicio público, porque antes de ser candidato a la presidencia municipal nunca había incursionado en la política. Cuando decidió hacerlo, le facilitó el camino su vieja amistad con el médico Lázaro Mazón, dos veces presidente municipal y hoy secretario de Salud del gobierno estatal. Las mamás de los dos eran muy buenas amigas y ellos se conocen desde niños, cuenta una igualteca que los conoce de toda la vida.
La vieja amistad se enfrió en los últimos tiempos, porque Lázaro Mazón se fue a Morena, al tiempo que se consolidaba como el secretario incómodo del gabinete de Ángel Aguirre. Más de una vez le ha pedido la renuncia, a través de su secretario particular. Pero Lázaro le ha respondido que si Aguirre le pidió incorporarse al gobierno, él mismo le debe pedir que deje el cargo, cuenta un diputado local.
Las historias publicadas coinciden en que Abarca fue un modesto vendedor de sombreros que pasó a la compra y venta de oro para luego, y en poco tiempo, hacerse de una de las mayores fortunas de esta ciudad comercial.
En el ínterin, claro, se casó con María de los Ángeles Pineda Villa, aún consejera nacional del PRD, y hermana de tres de los jefes locales del cártel de los Beltrán Leyva que luego se transformaría en los Guerreros unidos.
Salomón Pineda Villa, uno de los hermanos referidos (los otros fueron ejecutados en 2009), fue aprehendido hace unos días en Cuernavaca, y aportó datos que señalan la responsabilidad directa del matrimonio en la desaparición de los normalistas (noticia de Gustavo Castillo, 11/10).
Esa información, que maneja la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, confirmaría el relato de varios políticos igualtecos sobre lo sucedido la noche del 26 de septiembre, cuando María de los Ángeles rindió informe como presidenta del DIF municipal y lo celebró con una fiesta popular en la plaza.
“Los normalistas llegaron a botear al centro. Abarca y ella pensaron que querían boicotear su fiesta. Y ella, que es la que manda, se encabronó mucho y gritó: ‘¡Sáquenme a esos hijos de la chingada!’ Uno de sus guardaespaldas disparó al aire.”
Algunos testimonios de estudiantes de Ayotzinapa y de habitantes de Iguala contradicen esta versión y señalan que la persecución de los normalistas sólo inició luego de que tomaron autobuses en la terminal.
Todos los alcaldes, rehenes de la delincuencia
Prepotente, con la altanería del nuevo rico, como lo describen incluso sus allegados, Abarca gusta de usar playeras de mangas recortadas para lucir los bíceps. Siempre ha tenido problemas con su estatura, por eso trae cuerpo de gimnasio, explica un abogado que lo conoce desde niño.
Sus cercanos aseguran que la esposa del alcalde no tenía ­vínculos con su familia desde hace muchos años y que su fortuna fue producto de los esfuerzos de un hombre muy trabajador que se levantaba en la madrugada.
Un amigo de la familia añade que en la época en que Abarca comenzó a comprar y vender oro muchos se hicieron ricos con ese negocio.
La efímera carrera política de Abarca es explicada también como un pago de favores del PRD y de Ángel Aguirre, dado que el alcalde en fuga habría financiado sus campañas en la región centro de Guerrero. No es así, replica un perredista local, yo estuve en el comité de campaña y Abarca sólo dio unas 5 o 6 mil playeras.
Este dirigente del sol azteca lo exculpa con el mal de muchos: Todos los alcaldes, de Iguala a Ciudad Altamirano, son rehenes de la delincuencia. No hay uno al que no le hayan ordenado poner sus piezas en tres cargos: seguridad pública, tránsito y reglamentos.
Los enemigos del alcalde
Los cercanos al alcalde tienen varias hipótesis sobre el móvil del asesinato y desaparición de los normalistas.
Uno asegura que su pecado fue hacer un frente de alcaldes perredistas para dejar de comprar fertilizante a una empresa propiedad del poderoso ex gobernador Rubén Figueroa Alcocer (el programa de entrega de fertilizantes fue iniciado por su padre). Abarca hizo que los alcaldes perredistas de la región compraran directamente el fertilizante al mismo proveedor del que Figueroa, a través de su empresa Figuermex, es intermediario y con la que comercializa 11 mil toneladas al año. Eso molestó al gran cacique.
Se habría tratado, entonces, de una jugada de dos bandas. Por un lado, deshacerse del alcalde molesto y, por otro, dar un golpe político mortal al gobernador Aguirre, con la mira puesta en el relevo de 2015.
Urge un comisionado de seguridad en Guerrero, escribió hace unos días en Twitter el nieto de El Tigre de Huitzuco. Y siguió: En casa del mandatario guerrerense debe haber una fotografía de Fausto Vallejo, sólo para no olvidar lo que podría ser su destino...
Una marcha para exigir al alcalde Abarca la entrega de fertilizante fue, por cierto, el detonante del asesinato del líder Arturo Hernández Cardona.
En Iguala se habla en voz baja de los vínculos de otro político perredista, el diputado local Óscar Díaz Bello, con los pesados. Díaz Bello fue, para más señas, el contendiente de Abarca en la elección interna del PRD: Los dos tienen fortunas, pero Abarca la hizo en 30 años y Díaz Bello en uno, dice un ex regidor del ayuntamiento igualteco.
Díaz Bello contaba con el apoyo del gobernador Aguirre y Abarca con el respaldo de Lázaro Mazón. La contienda fue tan enconada que en sus cierres de campaña hicieron mítines separados. Unos días antes de la elección, el candidato a senador Armando Ríos Piter logró reunirlos para la foto y les levantó los brazos en señal de triunfo.
El arreglo fue que Díaz Bello ocupara la diputación local por el distrito 22, con el compromiso de que la siguiente candidatura a presidente municipal sería suya.
Ya en el gobierno, los Abarca Pineda cambiaron de parecer y el alcalde promovía abiertamente los deseos de su mujer de convertirse en su sucesora.
Al despedirse, Abarca dijo que lo hacía para ser congruente con su condición de militante de izquierda: No puedo actuar con ligereza o irresponsabilidad, dijo, y desapareció.

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