El pastelazo
Editorial
Revista Siempre
Enero 2010
El espacio editorial de esta semana debería haber estado dedicado, exclusivamente, a la alianza esquizofrénica construida entre la izquierda y el Partido Acción Nacional para contender en las elecciones de este año. Sin embargo, la imagen del presidente de México empinando la cabeza del director del ISSSTE sobre un pastel, agrega elementos al análisis partidista.
La fotografía de Miguel Angel Yunes, con nariz de payaso y sonrisa forzada, tratando de festejar lo que le había hecho su patrón, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos —sí, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos—, y si lo dijo fue porque evidencia la vacuidad con que se hace política en este sexenio, el escaso valor que le da Felipe Calderón a sus colaboradores y también la pequeña dignidad que tiene ese político veracruzano ampliamente conocido, no sólo por ser un fiel representante del pragmatismo más puro, sino por su actitud siempre agresiva y arrogante con los más débiles.
Para algunos, el pastelazo fue la señal de que Yunes será el candidato de Calderón al gobierno de Veracruz. Para otros, es evidencia de que su aspiración electoral es una broma. Tan lo es que en la lista de las polémicas alianzas construidas entre el PAN y el Diálogo para la Reconstrucción de México —conformado por el PRD, PT y Convergencia—, la tierra natal del director del ISSSTE no aparece como prioridad. El mismo se ha quejado de que el reloj del panismo en Veracruz anda desfasado.
El senador Manlio Fabio Beltrones calificó las alianzas como un engendro y si lo dijo fue porque en sentido figurado, engendro es una obra intelectual —léase política—mal concebida. Es, para decirlo coloquialmente, un pastelazo del que muchos, muchos, al estilo Yunes, van a salir desfigurados y degradados. Desde el dirigente del PAN, César Nava, el del PRD, Jesús Ortega, el llamado pejismo, hasta los candidatos.
Y es que el engendro tiene la “virtud” de convertir al elegido —antes de contender— en un derrotado moral. Llegará con los estigmas que los mismos dirigentes partidistas —especialmente Nava— le han puesto a quienes sean producto de la alianza. Es decir, cumplir con los siguientes “requisitos”: Uno, demostrar su deslealtad al llamado “presidente legítimo” al reconocer la legitimidad de las elecciones del 2006 y a Calderón como jefe de gobierno. Dos, estar dispuesto a someterse a los dictados de la administración calderonista como tuvo que hacerlo el gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, para dejar de ser perseguido. Tres, dejar únicamente en el apartado de caciques y autoritarios al gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, y al de Puebla, Mario Marín, y sacar de él a quien el PRD utilizó como pretexto para hacer una llamado a la insurrección nacional por tratarse de un “presidente espurio”.
En síntesis el PRD, PT y Convergencia, esa izquierda que ha basado su razón de existir y discurso en el supuesto fraude electoral cometido por el PAN en el 2006 en contra de Andrés Manuel López Obrador, ha tomado la decisión de entregar la honra misma a cambio de un proyecto electorero que, en su momento, ya fracasó en Oaxaca y Chihuahua. Y el PAN ya guardó para mejor ocasión ese prurito moral que siempre saca a relucir lo mismo para decir que es un fiel defensor de la democracia que para condenar el aborto.
El engendro también enseña la cabeza cuando el coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México, Manuel Camacho, asegura que las izquierdas impulsarán candidaturas ciudadanas y de personas que tengan “buena fama pública”. Lino Korrodi, de ser para el PRD un delincuente electoral durante la campaña foxista, ha pasado a convertirse en una de esas “personas honorables” que hoy merece ser candidatos del Diálogo… al gobierno de Tamaulipas.
Es decir, las alianzas que hoy teje la derecha en complicidad con la izquierda —o a la inversa— están sustentadas en la corrupción ideológica. Lo único que les interesa a unos y a otros es ganar el poder sin decir para qué.
Revista Siempre
Enero 2010
El espacio editorial de esta semana debería haber estado dedicado, exclusivamente, a la alianza esquizofrénica construida entre la izquierda y el Partido Acción Nacional para contender en las elecciones de este año. Sin embargo, la imagen del presidente de México empinando la cabeza del director del ISSSTE sobre un pastel, agrega elementos al análisis partidista.
La fotografía de Miguel Angel Yunes, con nariz de payaso y sonrisa forzada, tratando de festejar lo que le había hecho su patrón, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos —sí, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos—, y si lo dijo fue porque evidencia la vacuidad con que se hace política en este sexenio, el escaso valor que le da Felipe Calderón a sus colaboradores y también la pequeña dignidad que tiene ese político veracruzano ampliamente conocido, no sólo por ser un fiel representante del pragmatismo más puro, sino por su actitud siempre agresiva y arrogante con los más débiles.
Para algunos, el pastelazo fue la señal de que Yunes será el candidato de Calderón al gobierno de Veracruz. Para otros, es evidencia de que su aspiración electoral es una broma. Tan lo es que en la lista de las polémicas alianzas construidas entre el PAN y el Diálogo para la Reconstrucción de México —conformado por el PRD, PT y Convergencia—, la tierra natal del director del ISSSTE no aparece como prioridad. El mismo se ha quejado de que el reloj del panismo en Veracruz anda desfasado.
El senador Manlio Fabio Beltrones calificó las alianzas como un engendro y si lo dijo fue porque en sentido figurado, engendro es una obra intelectual —léase política—mal concebida. Es, para decirlo coloquialmente, un pastelazo del que muchos, muchos, al estilo Yunes, van a salir desfigurados y degradados. Desde el dirigente del PAN, César Nava, el del PRD, Jesús Ortega, el llamado pejismo, hasta los candidatos.
Y es que el engendro tiene la “virtud” de convertir al elegido —antes de contender— en un derrotado moral. Llegará con los estigmas que los mismos dirigentes partidistas —especialmente Nava— le han puesto a quienes sean producto de la alianza. Es decir, cumplir con los siguientes “requisitos”: Uno, demostrar su deslealtad al llamado “presidente legítimo” al reconocer la legitimidad de las elecciones del 2006 y a Calderón como jefe de gobierno. Dos, estar dispuesto a someterse a los dictados de la administración calderonista como tuvo que hacerlo el gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, para dejar de ser perseguido. Tres, dejar únicamente en el apartado de caciques y autoritarios al gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, y al de Puebla, Mario Marín, y sacar de él a quien el PRD utilizó como pretexto para hacer una llamado a la insurrección nacional por tratarse de un “presidente espurio”.
En síntesis el PRD, PT y Convergencia, esa izquierda que ha basado su razón de existir y discurso en el supuesto fraude electoral cometido por el PAN en el 2006 en contra de Andrés Manuel López Obrador, ha tomado la decisión de entregar la honra misma a cambio de un proyecto electorero que, en su momento, ya fracasó en Oaxaca y Chihuahua. Y el PAN ya guardó para mejor ocasión ese prurito moral que siempre saca a relucir lo mismo para decir que es un fiel defensor de la democracia que para condenar el aborto.
El engendro también enseña la cabeza cuando el coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México, Manuel Camacho, asegura que las izquierdas impulsarán candidaturas ciudadanas y de personas que tengan “buena fama pública”. Lino Korrodi, de ser para el PRD un delincuente electoral durante la campaña foxista, ha pasado a convertirse en una de esas “personas honorables” que hoy merece ser candidatos del Diálogo… al gobierno de Tamaulipas.
Es decir, las alianzas que hoy teje la derecha en complicidad con la izquierda —o a la inversa— están sustentadas en la corrupción ideológica. Lo único que les interesa a unos y a otros es ganar el poder sin decir para qué.

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