La necesidad de las huelgas

Federico M Arreola
Technócrata

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.07 de July, 2010 - 12:09 Comenta
Por la mañana leí un tweet que me llamó la atención: “Nuevo León lleva 11 años sin una huelga #nlfacts”. Rápidamente respondí: “eso no se presume, habla de represión al trabajador”. Y así comenzó un ligero debate por mensajes directo con esta tuitera, cuyo nombre me reservo.

Ella alegaba que: “el hecho de que no haya huelgas, habla de lo bien que está el trabajador”; a lo que yo insistí que no, que eso hablaba de lo bien que estaba el patrón. Inteligente la tuitera no se dejó y después de muchos mensajes directos acabó la discusión.

Esta plática me recordó una anécdota del verano de 2002: me fui a estudiar a España y colaboré brevemente con una estación de radio, Top Radio de Madrid. Esta estación había sido adquirida por mexicanos y en aquella época solo tocaba boleros. Su director invariablemente se burlaba de mi país, México, porque “Alguna vez pusimos anuncios de un estado mexicano que decía — el mejor lugar para invertir, más de 15 años sin huelgas — y el público español llamó a la estación para que quitaran esos anuncios que celebraban la “represión al trabajador”.

Sinceramente yo no entendía la burla, apenas estudiaba economía y me había tocado estar en universidades y escuelas en las que se admiraba el “capitalismo voraz”; y pensaba que si presumías “somos un país sin huelgas” el inversionista extranjero iba a querer inyectar dinero a tu país. Digo, ¿a qué empresario no le gusta la idea de tener una fuerza laboral que dará el mínimo de los problemas? Pero no, los españoles se quejaron tanto, que el anuncio debió de cambiarse, Madrid se indignó por algo que algún político creyó como “presumible”.

Vivir en un capital europea es estar acostumbrado a que las cosas funcionen. El transporte público es tan eficiente y seguro que solo el pensamiento de tener un coche es un lujo innecesario. Las calles se limpian todas las madrugadas para amanecer como nuevos, y la basura pasa a diario. Los sistemas de salud son de primer nivel y no cuestan absolutamente nada (me quitaron el apéndice en Madrid y la experiencia fue como estar en el Ángeles de la Ciudad de México). Las cosas funcionan. Pero también es vivir acostumbrado a las huelgas. Siempre hay huelgas.


En los países desarrollados de Europa las huelgas son el pan de cada mes. Siempre hay una huelga de algo. Por ejemplo ahora en toda España está la huelga de los empleados del transporte público y hay un riesgo de que todos los sindicatos se vayan a huelga en noviembre.

A los españoles les joden las huelgas, cada vez que hay alguna se “cagan en dios”. Pero las aceptan. Las aceptan porque esas huelgas solo reafirman el hecho que si los derechos de los mismos afectados son atropellados por algún patrón (o por el gobierno mismo), ellos podrán exigir; y ellos serán escuchados.

Un amigo de República Dominicana, acostumbrado a un gobierno dictador, decía que en su país los trabajadores se jodían y no se atrevían a hacer una huelga, que por eso prefería su país. Pero este amigo, sigue viviendo hasta ahora en Madrid y no pretende volver al país caribeño. Prefiere recetarse una que otra huelga y vivir en un estado donde las cosas funcionan, que volver a su país sin huelgas.

Ahora mismo presumir que en Nuevo León no hay huelgas por más de 11 años, me aclara el porqué de la descomposición social que se vive en mi estado. ¿cómo nos podemos explicar la explosión de pistoleros pagados por el narcotráfico? Imposible aceptar que existen tantas personas con la voluntad de matar. Les aseguro que si hablan con algún Zeta, pero Zeta de los de abajo, de los que matan; este no quiere seguir en lo mismo. Es un trabajo muy jodido. Pero lo hace, porque el narco le asegura mejores prestaciones y sueldo que el empleo formal. Y como el empleado formal hace más de 11 años no se ha quejado, ni ha exigido, pues las cosas no se ven que vayan a mejorar.

Entonces, qué ve el mundo cuando presumimos que “no hay huelgas”, ven inseguridad, ven resentimiento social, ven lo que estamos viviendo en estos momentos; y así, créanme, no hay ni quién invierta en nuestro país.
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