Patrañas conspirativas contra el EZLN

 
Recientemente, por las redes sociales, circuló un video del controvertido periodista ruso Daniel Estulin, radicado en España, en el que sin pruebas que sustenten sus elucubraciones conspirativas, revela los supuestos vínculos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y, claro, del s ubcomandante Marcos con la corona británica (sic) para nada menos que “desmembrar México, destruir su Constitución y hacerse con sus recursos naturales en nombre de los saqueadores extranjeros mundiales, usando a las comunidades indígenas como un recurso de bandera falsa (…) Respaldados por intereses angloamericanos, sus objetivos inmediatos son la modificación de las constituciones para establecer el concepto de autonomía indígena a través de los acuerdos de San Andrés, negociados con los zapatistas.”
Estas calumnias lo único que sí revelan es la ignorancia profunda de Estulin sobre la realidad mexicana. Para empezar, hace ya algunas décadas que México ha sido recolonizado por la transnacionalización neoliberal; su Constitución devastada por las reformas estructurales y leyes secundarias que han facilitado, precisamente, el saqueo de sus recursos naturales por las corporaciones mundiales; los acuerdos de San Andrés han sido incumplidos y traicionados por el Estado mexicano, que impuso una contrarreforma constitucional que niega el derecho a la autonomía; y, es claro, el analista incurre en el racismo de todos los denostadores del movimiento zapatista de 1994 a la fecha: negar protagonismo a los pueblos mayas, que como las cobayas de Mario Vargas Llosa, confeso antizapatista, son eternamente utilizados como meras comparsas para conspiraciones de diversa naturaleza y origen.
Que el periodista se informe sobre las concesiones mineras, en su mayoría canadienses, en más de un tercio del territorio nacional, que siguen saqueando más oro y plata que en la Colonia, o sobre la red de gasoductos de empresas estadunidenses, que, por cierto, se verán muy beneficiadas con el megaproyecto del Istmo de Tehuantepec, que el gobierno de la Cuarta Transformación quiere imponer, sin importar que las consultas sean ilegales pero legítimas (sic), acorde con el Secretario del Medio Ambiente, o sobre los 3 mil 638 kilómetros de vías férreas concesionadas a la Kansas City Southern de México (sic), que traslada contenedores al centro del país y a los puertos de Lázaro Cárdenas y Tampico, que, como lo he reiterado, hace realidad en pleno siglo XXI, y si llegara a concretarse el megaproyecto del istmo, el Tratado McLane–Ocampo, para beneficio de las corporaciones capitalistas estadunidenses. No es la corona británica la que está detrás del Tren Maya, sino, en todo caso, la española que se apresta a licitar ferrocarriles y concesiones hoteleras de lujo a lo largo de las vías. Una visita a las páginas de Enlace Zapatista y del Congreso Nacional Indígena podría proporcionar los datos necesarios sobre la invasión de los territorios indígenas por parte de proyectos eólicos, termo e hidroeléctricas, privatizadores de agua, agroindustria, enclaves industriales, armadoras de automóviles, etcétera, así como las corporaciones mundiales favorecidas con otro mega proyecto paradigmático de Andrés Manuel López Obrador, el integral Morelos-Puebla-Tlaxcala.
En correspondencia con los infundios de los intelectuales de la Cuarta Transformación y las redes sociales, Estulin afirma sin bases: “Los zapatistas se han desenmascarado. El subcomandante Marcos, hoy autonombrado subcomandante insurgente Galeano, mueve el EZLN en unidad con el PRI-PAN, Antorcha Campesina, los LeBaron y los gobernantes enemigos del pacto federal (sic) para juntos sabotear al Gobierno de México”.
Estulin plantea que el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales, decreta la idea bestial (sic) de que los indígenas deben ser considerados una especie aparte del resto de la humanidad, y establece que los pueblos indígenas son dueños de sus tierras incluyendo los recursos naturales en el medio ambiente, así como el derecho a mantener el control de su desarrollo económico, social y cultural, lo cual constituye una interpretación tergiversada del referido convenio, pues, precisamente los estados que lo han firmado, han impuesto los candados necesarios para que el derecho a la libre determinación, que se formula en las autonomías, no sea equivalente al derecho de autodeterminación, que se expresa, en última instancia, en el derecho a fundar un Estado propio.
Así, tampoco tienen sentido las especulaciones de Estulin sobre que las autonomías indígenas representan un riesgo para la existencia misma de México como Estado-nación o que el EZLN es un movimiento: separatista pro-angloamericano (sic). Tampoco, tiene base alguna afirmar que detrás de cualquier apariencia de militancia antiglobalista hay jugadores más poderosos que están orquestando la fusión de estos nuevos movimientos jacobinos para sus propios fines.
Al comandante del EZLN, Pablo Contreras.

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