Gran Chaco: la deforestación que alimenta los asados de carne del primer mundo


 
 
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LONDRES.- El Gran Chaco sudamericano, ubicado en partes de Argentina, Bolivia y Paraguay, se ha convertido en la región de bosques tropicales más rápidamente destruida del mundo, superando incluso a zonas tropicales de Indonesia, Malasia o la República Democrática del Congo.
De acuerdo con una amplia investigación del grupo ecologista británico Earthsight, el nivel de deforestación en el Gran Chaco crece año tras año y la región perderá para fines de año más de 200 mil hectáreas de bosques tropicales.
El informe, titulado Opciones de tala: Cómo las barbacoas europeas y estadounidenses están llevando a una crisis de deforestación en Sudamérica, indicó que el principal impulsor de la deforestación es la cría de ganado para la producción de carne vacuna, cuya mayoría es exportada a países del primer mundo.
Otro gran factor clave de la tala desmedida en el Gran Chaco es la producción del carbón vegetal para barbacoas o parrillas, que también es exportado.
“El carbón vegetal provee un incentivo muy lucrativo para destruir lo que resta del Gran Chaco y ayuda a cubrir los costos por adelantado en la deforestación de bosques para cría de ganado”, indicó el documento de la ONG británica.
“Los árboles de crecimiento lento y madera dura del Chaco proveen de carbón vegetal de alta calidad, el cual se quema lento, genera un buen fuego y provoca poco humo”, agregó.
Según Earthsight, la especie de árbol más buscada es el quebracho blanco, considerado entre los más grandes de la región y de gran importancia para grupos indígenas como los ayoreo-totobiegosode, que recogen de sus ramas la miel de panales.
El Gran Chaco incluye ríos como el Pilcomayo, el Teuco, el Bermejo y el Paraná; sierras como la Pampeanas y Subandinas, además de lagunas como la de Mar Chiquita.
Además del quebracho blanco, en esa región crece el palo borracho, el algarrobo, la palma negra, el jenipapo y la guaraniná.
Su fauna es también muy rica y diversa, ya que cuenta con especies de gran importancia para la biodiversidad local como el mataco bola, el conejo de los palos, el carpincho, el surubí, el pecarí chaqueño, la corzuela parda, además de jaguares y pumas.
Aunque cultivado desde los primeros asentamientos europeos desde el siglo XVI, el Chaco Sudamericano albergó sólo áreas agrícolas aisladas y muy pequeñas hasta la década de los 70.
Pero a partir de entonces, los mercados cada vez más globalizados y los precios crecientes de la carne, los granos, la madera y el carbón vegetal contribuyeron a disparar la tasa de expansión agrícola, con al menos un 30% del suelo bajo cultivo en el año 2016.
Por ejemplo, en los últimos 20 años se han perdido unos 5 millones de hectáreas de bosques en el Chaco que incluye a Argentina, un 70% de ellas en la región del Gran Chaco Americano, que con un millón de kilómetros cuadrados es el mayor bosque subtropical seco del mundo con enormes reservas de agua y biodiversidad.
En algunas regiones de Chaco también se queman las “cortinas vegetales”, filas de árboles alrededor de las chacras sembradas, que se deben mantener para amortiguar el efecto del cálido viento norte.
De acuerdo con el documento dado a conocer en Londres, Paraguay es uno de los cinco exportadores mundiales de carbón vegetal a la Unión Europea (UE), principalmente a Alemania y Reino Unido.
El reporte se enfoca en las actividades de la empresa Bricapar, el principal grupo exportador de carbón vegetal en Paraguay y fuente de 40% de las importaciones paraguayas a la UE en 2017.
La organización sostiene que Bricapar es responsable de producir carbón vegetal en un área del Chaco donde los bosques tropicales son deforestados de forma no sustentable y agregó que algunos de sus productos terminan en las góndolas de supermercados en la UE y Estados Unidos, incluyendo Carrefour en España, y Lidl y Aldi en España y Alemania, como también en hoteles, restaurantes y gasolineras del Reino Unido.
La compañía tala cientos de quebrachos blancos al mes que tardan muchos años en crecer y son esenciales para la biodiversidad y el ecosistema del Gran Chaco.
Además, la ONG británica sostuvo que la deforestación en esa región sudamericana está llevando a la pérdida de biodiversidad esencial, pone mucha presión a las reservas acuíferas, lleva a la muerte de animales como pumas y jaguares por falta de alimentos y deja en riesgo de extinción a especies endémicas de la región.
El documento también apunta a que casi todo el Chaco paraguayo es territorio ancestral de varios grupos indígenas, entre ellos los guaraníes y ayoreo-totobiegosode, estos últimos que viven prácticamente aislados del resto de la población.
“Cómplices” de la destrucción
El informe denuncia a Bricapar por producir carbón vegetal en una nueza zona cercana a la ruta Transchaco dentro de las tierras de los ayoreo.
A comienzos del año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) exhortó al gobierno de Paraguay a proteger el territorio de los ayoreo, frenando la deforestación de sus bosques ancestrales.
Según Earthsight, tanto la UE como Estados Unidos “son cómplices” de la creciente destrucción en el Gran Chaco, al incrementar su demanda del carbón vegetal para barbacoas, como también de carne vacuna y productos como el cuero de vaca para ropa e indumentaria.
Al respecto, reclamó a las autoridades europeas implementar más controles en su legislación que impidan la importación de carbón vegetal si éste lleva a la deforestación de zonas en riesgo medioambiental.
También pidió a supermercados, restaurantes y hoteles que investiguen más la fuente de productos que adquieren y que éstos sean producidos de forma sustentable.
Sam Lawson, portavoz de Earthsight, dijo que hasta ahora la respuesta de los supermercados y gobiernos “es decepcionante”.
“Los supermercados deben sumarse a la larga lista de otras firmas de bienes de consumo que se han responsabilizado a eliminar la venta de productos vinculados con la deforestación”, agregó.
El informe de Earthsight llevó a que la ONG alemana ‘Rescate de la Selva’ reclamara en un desplegado a los supermercados Aldi, Lidl y Carrefour “tomar medidas inmediatas” para garantizar que ningún producto de carbón vegetal que lleve a la destrucción forestal en Paraguay sea vendido por esas cadenas.
La petición fue firmada por unas 150 mil personas y afirmó que, de no frenarse la venta de dichos productos, el impacto al medio ambiente y las comunidades locales “será devastador”.
Tras la publicación del documento, Bricapar emitió un comunicado en respuesta al informe, en el que indicó que utiliza “troncos de madera y sus residuos” de “tala legal de bosques”.
La empresa, con sede en Asunción, agregó que cumple con las regulaciones locales “que requieren que el 25% de la tierra trabajada sea reservada como bosque, además de franjas de 100 metros de ancho que circundan cada parcela autorizada (para talar), con un 30% de árboles en pie que también deben ser mantenidos”.
Según la empresa maderera, las comunidades indígenas ayoreo-totobiegosode “no están directa o indirectamente dentro la zona en cuestión”.
Para Erika Quinteros, analista especializada del Consejo de Asuntos Hemisféricos, Paraguay se ha convertido en el sexto país con la mayor pérdida forestal en el mundo, “y es en el Chaco en donde se concentra gran parte de esta destrucción”.
La especialista remarcó que “varios expertos han señalado la relación directa entre la ganadería y agricultura a gran escala y la deforestación en el Chaco paraguayo”. Además, Paraguay también es el sexto proveedor de carne a nivel mundial.
“Desde hace años, los pueblos indígenas del Chaco vienen denunciando la tala ilegal por parte de estas empresas ganaderas. Incluso Survival, una organización no gubernamental que aboga por los derechos de los pueblos indígenas, ha señalado que dichas industrias, no contentas con los terrenos adquiridos legalmente, llevan a cabo actividades de corte y desmonte fuera de sus propiedades, atentando contra la vida de las comunidades que allí habitan. Aún más preocupante son las huellas de maquinaria pesada que se han encontrado en áreas ocupadas por indígenas en aislamiento voluntario”, agregó.
Al respecto, Sarina Kidd, activista en América Latina de Survival, señaló que las empresas ganaderas “han deforestado las tierras de los pueblos indígenas por años y el gobierno paraguayo ha hecho poco para detenerlas”.
Y subrayó: “Los indios ayoreos, algunos de los cuales están aislados, son perseguidos por trascabos que están destruyendo su bosque. A veces las empresas ni siquiera tienen licencias ambientales”.
Aunque en 2004 el gobierno de Nicanor Duarte aprobó la ley de Deforestación Cero, dicha regulación solo aplica a la región oriental, no al Chaco. Además, las autoridades no son conscientes sobre el otorgamiento de licencias ambientales y la regulación de las mismas.
“En febrero el gobierno del presidente Horacio Cartes anunció un programa de reforestación en el Chaco. Aunque se alienta una política de este tipo, debemos enfatizar que se sigue perdiendo recursos naturales autóctonos que no serán recuperados con campañas de reforestación”, afirmó Quinteros.
La analista señaló que el mismo gobierno “ha expandido las exportaciones de carne desde que asumió el poder en 2013, causando daños irreparables a sus bosques y mostrando poca voluntad política”.
Aseveró: “El Estado debe, además de su política de reforestación, dirigir sus esfuerzos en políticas que prevengan la degradación ambiental y mejoren las regulaciones de licencias ambientales. Estas acciones conjuntas podrían evitar la pérdida de la diversidad biológica del Chaco y el sufrimiento de los pueblos indígenas que, a pesar de años de lucha, no pueden disfrutar plenamente de sus terrenos ancestrales”.
Para Mateo Sobode Chiquenoi, indígena ayoreo que desde hace años impulsa una campaña contra la tala ilegal en el Chaco, muy pocos entienden la conexión de los indígenas con sus tierras ancestrales.
“Siempre le digo a la gente blanca que Eami significa madre, madre del ayoreo. Cuando vemos una topadora (trascabo) destruyendo nuestro monte, están matando a nuestra madre”, dijo Chiquenoi.

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