Astillero - Putrefacción electoral

Julio Hernández López

TRABAJADORES EN REFORMA. Aspecto de la marcha convocada por la Unión Nacional de Trabajadores y el Sindicato Mexicano de Electricistas, que partió del Ángel de la Independencia con rumbo al ZócaloFoto Francisco Olvera


Felipe se desespera y trata de modelar una percepción social favorable de última hora, con datos estadísticos de malabarista que pretende convencer a los desempleados de que no lo son y a la sociedad entera de que el cuadro de desastre sangriento es una acuarela soleada. Ni siquiera cuida las formas el pinolero en jaque electoral: usa los medios electrónicos con exceso pero sin buenos resultados, su rostro y sus palabras develan angustias a las que no logra disfrazar de éxitos. E incluso da involuntarios adelantos de la conducta que podría asumir en 2012, en caso de llegar hasta entonces, pues reproduce en tono menor el descarado intervencionismo foxista que pretendía inducir el voto a favor de continuidades de blanco y azul argumentando presuntos paraísos logrados por el gobierno federal en turno.

Nunca antes tantas elecciones estatales se habrían de realizar en tal cuadro de descomposición. Políticamente, Los Pinos acordó con el camachismo-ebrardismo-chuchismo el lanzamiento de las alianzas perreánicas que derribaron las pocas defensas que en el ánimo cívico invitaban a tener esperanza en lo electoral como ruta de mejoría pública: fundir en el pragmatismo obsceno las posiciones extremas del abanico ideológico, y presentar en fórmula conjunta a quienes en 2006 pelearon con todo a propósito de la elección presidencial, resultó inmejorable vía para desalentar la participación cívica. Otro golpe seco fue la revelación de los acuerdos entre Gobernación, PAN y PRI para canjear votos en San Lázaro sobre reformas fiscales por inhibición de alianzas en el estratégico estado de México. Vergonzosos episodios en los que Calderón se hizo el ignorante, Gómez Mont el ofendido, Peña Nieto el traicionado y César Nava el futuro consorte Patylú. Y, como telón de fondo que en realidad es el argumento central, el definitorio del curso de la obra, la salvaje violencia correspondiente a la personalísima “guerra” que el tambaleante Calderón declaró desde diciembre de 2006 y que a estas alturas ha puesto en entredicho la viabilidad operativa de los comicios, amenazados o condicionados muchos candidatos, dominante la plata de los cárteles que definen la fuerza de las campañas, temerosos los hipotéticos votantes de atentados u otros actos criminales en las urnas.

En ese cuadro de catástrofe es natural que ni siquiera haya una leve esperanza de cambio positivo a partir de las elecciones de este domingo. El PRI se ha erigido en la increíble oferta de regresión a los peores tiempos del autoritarismo atemperado como alternativa ante el terrible desamparo al que los panistas han llevado al país: más vale pésimo por conocido que falsamente bueno que todo ha echado a perder. En el fondo, el ánimo social favorable al retorno o continuidad del PRI es una aspiración de que se reinstalen los viejos mecanismos de control de la delincuencia mediante pactos y arreglos que favorecían a capos políticos pero impedían daños a la sociedad. Este domingo, los jefes estatales priístas harán todo lo necesario para dejar herederos-guardaespaldas, mientras los presuntos opositores naufragan entre mescolanzas imposibles, atenazados por el saldo implacable de que sus propuestas de “cambio” no son sino reciclamientos de figuras, grupos e intereses del mismo aparato priísta.
No deja de ser irónico que “la oposición” de este domingo esté conformada, sustancialmente, por el grupo que formalmente tiene el poder federal (es decir, el panismo calderonista) y los usufructuarios partidistas de la corriente que en 2006 ganó la elección presidencial pero le fue arrebatada por esos mismos socios coyunturales de ahora. Juntos, PAN y PRD, más las variaciones locales en que se incluyen PT y Convergencia, tuvieron cuatro años atrás la gran mayoría de los votos nacionales, y hoy pelean en desventaja enorme, desfondados y sin autoridad moral alguna. Por ello, sus propuestas electorales son radicalmente insustanciales, prolongación del mismo esquema de saqueo y simulación. Si acaso, por dejar una interrogante abierta, habría de ponerse aparte a Gabino Cué, en caso de que el cártel de Ulises no armara bien su anunciadísimo fraude electoral. Es indudable que Cué, por sí mismo, no podría hacer peor papel que el del actual déspota oaxaqueño. Pero es probable que todo quedaría en matices, grados y formas, pignorado como está desde ahora ese eventual triunfo a los intereses del calderonismo que ha apostado cuanto ha podido a esa candidatura gabinista que obviamente siente comprometida con Los Pinos; Cué apoyado por ex gobernadores priístas en pugna con Ulises. Más de lo mismo, pero de otra forma.

Todo augura, pues, un nuevo triunfo priísta, en la Gran Marcha hacia el 2012. Sinaloa, Puebla y Oaxaca son los puntos en donde podrían darse sorpresas en favor de la “oposición”. Calderón quedaría aún peor que ahora si se confirman los pronósticos de victorias de tres colores, no sólo recortado escandalosamente su ámbito real de mando, sino expuesto a la revancha del priísmo que se siente muy agredido en este tramo final. En el futurismo priísta quedará fortalecido Peña Nieto, pero es probable que una vez superado este momento (tregua) electoral, se desate la verdadera guerra interna en el PRI, que busque desbancar al gobernador del estado de México y reposicionar a Manlio Fabio Beltrones. El saldo de las alianzas perreánicas precisará las esperanzas ebrardistas de crecimiento y eventual consolidación como aspirante serio a la Presidencia de la República. Él y su gurú camaleónico, Manuel Camacho, apostaron todo a esos pactos. López Obrador, por su parte, deberá hacer un recuento de daños: el PT y Convergencia acabaron apoyando en varios lugares al PAN e incluso al PRI, el ebrardismo-camachismo se distanció abiertamente de sus posiciones y él mismo ha abonado a la confusión al decir que sí asistiría a un encuentro con Calderón, así fuera con ciertas condiciones.

Y, mientras el peñanietismo mantiene en la cárcel a los tres principales dirigentes de Atenco, ¡feliz fin de semana… electoral!

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