En medio de la pandemia, la guerra por el agua

Agua. Foto: Miguel Dimayuga Agua. Foto: Miguel Dimayuga
El crónico desabasto de agua en Tláhuac hace más dramática la contingencia sanitaria: para miles de habitantes de esta alcaldía es imposible seguir el llamado a quedarse en casa, pues deben salir a buscar agua. Tampoco se pueden lavar las manos continuamente ni desinfectar sus pertenencias y domicilios. Por si fuera poco, son presa de grupos de poder locales que controlan las pipas que transportan el líquido: ellos deciden a quién sí y a quién no le proporcionan el servicio.
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– En la colonia La Estación, alcaldía de Tláhuac, en el suroriente de la Ciudad de México, patrullas de la Policía Metropolitana custodian las pipas de agua potable para evitar que sean secuestradas. Esto es muestra de cómo la emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19 ha agravado el conflicto por la escasez del líquido en algunas zonas de la capital, que podría derivar en hechos violentos.

En esta y otras colonias de la alcaldía de Tláhuac –de unos 370 mil habitantes– es casi imposible seguir el llamado a quedarse en casa, pues la gente debe salir a buscar agua. Tampoco se pueden lavar las manos continuamente ni desinfectar sus pertenencias y domicilios, porque sólo reciben el recurso una vez a la semana.
La falta de agua en La Estación –y otras colonias, como Zapotitla, Tlaltenco, Selene, Jerusalén, Unidad Santa Ana o Santa Catarina– ha provocado que organizaciones como Antorcha Campesina y líderes vecinales presuntamente ligados a Morena –que gobierna la alcaldía y la ciudad– rebasen la autoridad del alcalde Raymundo Martínez Vite y controlen la distribución del líquido para beneficiar a sus agremiados.
El origen
La escasez de agua en Tláhuac no es nueva. Vecinos entrevistados relatan que los problemas y protestas comenzaron en 2009, con la construcción de la Línea 12 del Metro. Años después, en su campaña para la jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum prometió solucionar el problema. Al iniciar su gestión, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) comenzó a cambiar tuberías y reparar fugas para tener mayor presión en la red y que el líquido pueda subir hasta la zona alta de la demarcación; pero la red de distribución estaba dañada por el sismo del 2017.
Mientras continuaban los trabajos, la gente recibía en sus hogares “un hilito” de agua y por tandeo: un día sí y otro no y sólo un par de horas. A veces llegaba limpia y a veces “hasta con gusanos”. A inicios de 2020 y ante la presión de los vecinos, el Sacmex y la alcaldía aplicaron un sistema de distribución gratuita con pipas. Por eso, afuera de las casas y en los patios es común observar tinacos, tambos, cubetas, botes y garrafones prestos para ser llenados por esos vehículos… cuando llegan.
Los vehículos que envía la alcaldía pueden llenar dos tambos de 200 litros en una casa donde viven dos familias; una cisterna de 60 mil litros en un solo domicilio o dos tinacos de mil litros, además de cubetas y botes, en un edificio donde viven unas 50 personas. “Esta carga a duras penas alcanza para una semana. Reciclamos lo más que podemos, lavamos trastes y ropa y aunque esté apestosa, la usamos para el baño. Es imposible que nos lavemos las manos tanto como dicen para evitar el coronavirus”, comenta una habitante de la calle Villa de Cortés.
En las calles es común observar camionetas con montones de garrafones de 20 litros que van a llenar a negocios de purificadoras para luego venderlos a domicilio en 10 pesos. Lo mismo los llevan en cajuelas de autos, triciclos, bicicletas y hasta carritos de supermercado.
Con esfuerzos, vecinos de dos o tres domicilios cooperan para juntar mil 800 pesos y comprar el contenido de una pipa particular. Aunque corren el riesgo de que, a la hora de llenar sus tinacos, lleguen otros habitantes y les exijan con violencia que les compartan el líquido.
Lo peor, aseguran, es que cada bimestre llega puntual a las casas el recibo del Sacmex. “¡Es el colmo, nos cobran, pero de la llave no sale ni gota!”, denuncia la señora Elvira Jarquín, mientras muestra el documento.
En las calles también es común observar hoyos hechos por trabajadores del Sacmex, que dejan abiertos tras realizar maniobras en las tomas o válvulas de la red; el peligro es que personas o autos puedan caer.
Fragmento del texto publicado en la edición 2270 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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