Los daños ecológicos de Sempra Energy a Baja California

Jaime Martínez Veloz /I
Uno de los principales requisitos para que pueda ser autorizado un proyecto para la construcción de una planta regasificadora como la construida por Sempra Energy en el municipio de Ensenada, es la presentación por parte de la empresa promovente, y aprobación por parte de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de una manifestación de impacto ambiental (MIA). Energía Costa Azul presentó a la mencionada dependencia la MIA para la aprobación del proyecto. Sin embargo, al analizar la misma se demuestran diversas situaciones violatorias de la ley y que ameritan que a la misma le sea retirada la autorización para la construcción de la planta regasificadora en el municipio de Ensenada.

Para entender un poco más de qué estamos hablando, describo brevemente qué es el gas natural licuado (GNL, por su abreviatura) y su proceso de obtención. El GNL ha sido procesado para ser transportado en forma líquida a una presión atmosférica normal pero a menos 160 grados centígrados, lo cual reduce en 600 veces el volumen de gas transportado, al convertirse en líquido. El transporte se realiza en grandes barcos conocidos como metaneros, los cuales se encuentran diseñados especialmente para ello y cuentan con tanques que funcionan como termos, manteniendo el gas líquido. Estas naves tienen mecanismos muy avanzados de seguridad, sistemas sofisticados de radar, posicionamiento vía satelital, sistemas para alertar a la tripulación del tráfico existente y de otros peligros alrededor del barco. Una vez que llega a la terminal receptora, es descargado y llevado a los tanques en los cuales se almacena, para después pasar a un proceso de vaporización, conforme al cual, mediante intercambio de calor con agua de mar se regasifica, es decir, se le vuelve a su estado gaseoso. Ya en este estado, puede ser conducido mediante gasoductos a sus lugares de destino.

Por su alta peligrosidad, no es fácil cubrir la reglamentación para instalar plantas regasificadoras. En Estados Unidos es muy estricta, particularmente en California, debido a la proximidad de algunas ciudades a la Falla de San Andrés. Por tal razón, desde el año 2000 algunas compañías trasnacionales, como Phillips Petroleum, Marathon Oil Co., Shell Group y Sempra Energy, veían la posibilidad de instalar sus plantas receptoras y regasificadoras en México, en los estados fronterizos, y trasladar el gas hacia Estados Unidos a fin de evitar escasez en aquel país y cubrir su demanda interna.

Según un estudio realizado en 2002 por Bill Powers, P.E. Powers Engineering de San Diego, California, denominado Evaluación de riesgos potenciales asociados con la ubicación de una planta de GNL aledaña a Bajamar y opciones alternas viables”, el cual puede ser consultado en Internet, “… el GNL es una forma de gas natural que se extrae de campos de gas en el subsuelo, comprimido a temperaturas súper frías (-260ºF) que condensan el gas en un líquido que se puede transportar en buques cisterna. La conversión del gas natural en GNL es un método económicamente viable que permite transportar amplias cantidades de gas natural a través de grandes distancias hasta mercados distantes.”
El GNL es el combustible preferido para la extensa construcción de nuevas plantas de energía en la región fronteriza entre Estados Unidos y México.

Las razones para el fuerte interés en la construcción de terminales de recepción en México, junto a la frontera con Estados Unidos, son: 1) la proximidad del mercado de alta demanda de Estados Unidos, 2) normas menos exigentes, y 3) menor oposición local aparente para la ubicación de terminales de GNL cerca de poblaciones existentes.

Las plantas de recepción terrestre de GNL presentan dos importantes motivos de preocupación en el caso de los sitios propuestos en Baja California: 1) la transformación de su prístina costa en una zona de grandes instalaciones industriales pesadas, con la consecuente disminución de su valor ecológico y turístico, y 2) el peligro que representa para los habitantes que residen en áreas adyacentes un accidente catastrófico o el sabotaje en una planta de GNL.

Habría que anotar que Estados Unidos, a pesar de la gran demanda de energía eléctrica, la cual puede ser obtenida mediante quema de gas, tiene sólo alrededor de media docena de terminales de recepción de GNL. En años recientes, los ciudadanos de ese país rechazaron terminales de gas natural. Para las empresas estadunidenses no es fácil establecerse en su propio territorio, por la conciencia ciudadana, la presión de grupos ambientalistas y la oposición de políticos comprometidos con el bienestar de la población. Lo anterior, independientemente de las rígidas normas que en materia ambiental y de seguridad nacional existen en ese país.

Ante las dificultades para construir plantas en Estados Unidos, Sempra Energy, de la cual es subsidiaria Energía Costa Azul, desarrolló una intensa campaña mediática que contó con el apoyo incondicional del gobierno del estado, encabezado por Eugenio Elorduy Walther, quien aseveró que “no se debía detener el progreso para permanecer en una burbuja de cristal”, lo que permitió a la trasnacional obtener los permisos de las autoridades mexicanas municipales –al parecer sin consultar al cabildo–, estatales y federales para construir la regasificadora cerca de Ensenada, así como una planta generadora de electricidad en Mexicali.

Lo anterior, además de que la ubicación de la regasificadora produce un serio impacto negativo en el medio ambiente, en el que existen ecosistemas locales altamente sensibles, ya que el gas es descongelado en ciertos procesos con agua de mar, misma que ya contaminada con químicos, se devuelve al océano, lo que a corto, mediano y largo plazos ocasiona daños irreversibles a la flora y la fauna marinas.
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